Xeito Meeting

Rocío Guerra Soler, de Xeito Meeting, en el atril de un foro empresarial

Protocolo en eventos de empresa: los errores que más se repiten

El protocolo en eventos de empresa no es una cuestión de etiqueta, sino de orden. Sirve para que cada persona sepa dónde estar, cuándo hablar y cómo será tratada, y para que el mensaje de la organización llegue sin ruido. Cuando falla, se nota. Estos son los errores que más se repiten y cómo evitarlos.

Invitar sin confirmar asistencia

Enviar las invitaciones y dar por hecho quién vendrá es el primer error. Sin confirmaciones, el aforo, el catering y la distribución de la sala se planifican a ciegas. Conviene pedir respuesta con fecha límite, hacer un recordatorio unos días antes y llevar la lista actualizada el día del acto. Y prever margen: siempre hay quien confirma y no viene, y quien llega sin haber confirmado.

Improvisar la presidencia

Quién ocupa la mesa presidencial, y en qué orden, se decide antes del acto, no en la puerta. El anfitrión preside, salvo que asista una autoridad de rango superior, a quien se cede ese lugar. A partir de ahí, el resto se ordena alternando derecha e izquierda. Improvisarlo delante de los invitados genera momentos incómodos que se recuerdan más que el propio evento.

Alargar las intervenciones

Un programa con seis discursos de quince minutos rara vez se cumple. Cada ponente debe saber cuánto tiempo tiene, por escrito y con antelación, y alguien debe ayudarle a ajustarse el día del evento. Las intervenciones breves y bien ordenadas dejan sitio a lo que más interesa a los asistentes: la conversación.

Equivocar cargos y tratamientos

Un cargo mal escrito en un atril o un nombre mal pronunciado pesan más de lo que parece. Hay que confirmar con cada invitado cómo quiere ser nombrado, comprobar que los cargos están actualizados y revisar rótulos, tarjetas y guion antes de imprimir. Es un trabajo poco visible, pero es el que transmite respeto.

Olvidar el después

El protocolo no termina con la despedida. Agradecer la asistencia a ponentes y autoridades, compartir las imágenes o la crónica del acto y revisar qué funcionó forman parte del mismo trabajo. Es lo que convierte un evento en una relación que continúa.

El buen protocolo pasa desapercibido. Precisamente por eso conviene prepararlo con tiempo.

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